El pragmatismo se aparta de la abstracción, de todo lo que es un pretendido absoluto u origen para volverse hacia el pensamiento concreto y adecuado, hacia los hechos y la acción eficaz; es, ante todo, un método de investigación, en lugar de ser la respuesta a un enigma y la cesación de toda investigación.
Para el pragmatismo, el conocimiento- según Dewey- es realmente aquello que ha sido organizado en nosotros para capacitarnos a adaptar el ambiente a nuestras necesidades y a adaptar nuestros fines y deseos a la situación en que vivimos. Es, pues, un proceso vivo, una función biológica. Así, lo verdadero consiste plenamente en lo que es ventajoso para nuestro pensamiento. Una idea es verdadera en tanto que simplifica nuestro trabajo, en tanto que economiza nuestros esfuerzo; es, pues, un instrumento.
Referido a la moral, el pragmatismo considera a las ideas éticas, no como cosa trascendente, apartadas en una región especial de la vida humana, sino como instrumentos intelectuales basados en los impulsos y sentimientos, y fabricados para gobernar la conducta en circunstancias determinadas. Lo justo, en último término, consiste simplemente, en lo que es ventajoso para nuestra conducta, como lo verdadero consiste en lo que era ventajoso para nuestro conocimiento (W. James).
Finalmente, en cuanto a la psicología, el pragmatismo considera al espíritu como un proceso dinámico, como una actividad, como un hogar de energía que tiende a realizarse. La estructura de nuestro espíritu es para aquél, en gran parte, nuestra obra, o al menos la obra de algunos de nosotros, y esta es para Bergson a tesis más importante del pragmatismo.
Veamos ahora como aplica Dewey estas teorías a la educación.
LA PEDAGOGÍA DE DEWEY
La educación, para Dewey, […] es un desenvolvimiento de dentro a fuera.
La educación no puede alcanzarse independientemente de los instrumentos utilizados y del objeto formado en la realización de un fin especial. Los ejercicios que hacen distinguir al niño las cualidades abstractas, como longitud y color, sin tener en cuenta las cosas de que son cualidades, pueden darle gran destreza en el manejo de esas cualidades; pero no conseguirán necesariamente hacerse lo más diestro en el manejo de estas cualidades cuando aparecen como factores de la vida misma. En suma, un niño no nace con facultades que han de desplegarse, sino con impulsos especiales de acción que se han de desarrollar mediante su uso en preservar y perfeccionar la vida en las condiciones sociales y físicas bajo las cuales se mueve.
Por esto hay que acudir a la propia experiencia del niño. Desde que éste conoce ya parte de una materia que el maestro trata de enseñarle- dice Dewey en otra parte- el método que saca provecho de esa experiencia aparece como el procedimiento normal y progresivo de enseñanza. Y si nosotros ampliamos la experiencia del niño con métodos que se acerquen lo más posible a los caminos por los que el niño ha adquirido sus experiencias primeras, habremos ganado mucho. La solución no es, pues, la lectura de libros o el escuchar explicaciones sobre la naturaleza del fuego o del alimento, sino la de que el niño queme él mismo y se alimente él mismo; es decir, que haga cosas.
Así llegamos a una de las concepciones más geniales de Dewey, que podemos representar sintéticamente con la fórmula de la “escuela como sociedad” y de la “educación por la acción”, en que pueda resolverse.
LA EDUCACIÓN POR LA ACCIÓN
La escuela según Dewey, debe ser una institución social real y viva que refleje y reproduzca bajo una forma típica los principios fundamentales de la vida social; de otro modo se cae en un dualismo y antagonismo entre la vida escolar y la vida social, falta para aquella. En una palabra: la escuela debe ser una comunidad embrionaria.
Aplicada a los métodos escolares, esta concepción de la escuela exige que en ella se haga, sobre todo, construir y producir, en lugar de hacer ante todo absorber y aprender. El niño nace con un deseo de obrar, de servir, y cuando no se utiliza esta tendencia se produce una actitud expectante y egoísta, una reacción contra el sentido social.
Un estudio no tiene, por otra parte, valor más que el permitir al niño comprender su medio social. Pues para que los conocimientos tengan un valor realmente educativo, deben darnos una representación y una concepción definidas de los materiales necesarios en la vida social. Pero esto no puede realizarse más que tomando como punto de partida las actividades sociales, de las cuales es la más inmediata la enseñanza manual.
Ahora bien, las ocupaciones manuales, por ejemplo, el trabajo en metal o madera, la jardinería, el tejido, la costura o la cocina no deben considerarse en la escuela como estudios o destrezas especiales, sino como métodos de vida. Deben concebirse-dice Dewey- como tipos de los procesos por los cuales la sociedad se conserva, como agentes para traer al niño algunas de las primeras necesidades de la vida comunal, y como modos según los cuales han sido satisfechas estas necesidades por la inteligencia e ingeniosidad crecientes del hombre; en una palabra: como instrumentos mediante los cuales la escuela aspira a ser una forma genuina de la vida activa comunal, en vez de constituir un sitio aparte donde se aprenden lecciones.
La pedagogía de Dewey. La educación por la acción, El Sol, 22 de abril 1918, p. 8
3 comentarios:
y sí... me cae bien Dewey...
"La escuela según Dewey, debe ser una institución social real y viva que refleje y reproduzca bajo una forma típica los principios fundamentales de la vida social"
pero de una sana vida social... no un reflejo de las patologías de esta sociedad, egotista, competitiva-individualista, hedonista-vacía, donde la razón se presenta como algo "aséptico".
La razón nace en nuestros barros...
La verdad es que Dewey parece, en principio, muy comprensible, luego, cuando comenzás a adentarte en su sistema entendés porque, por ejemplo, el concepto de experiencia es inabarcable.
Para él, si la filosofía es sabiduría, entendida como la visión para llegar a una vida mejor, entonces la educación orientada conscientemente consiste en la praxis del filósofo.
Como te imaginarás, no existe en el mundo persona que cumpla los requisitos de un Buen Profesor, como él lo entiende; aquel que conoce sobre pedagogía, psicología, que sabe cuáles son los conocimientos previos del alumno, que conoce a la perfección el contenido de su materia y que además es capaz de crear experiencia educativas, auténticas, valorativas...
Su credo pedagógico me resulta inalcanzable
DEWEY SERA HOY Y SIEMPRE EL EJEMPLO A SEGUIR PARA TODOS LOS DOCENTES
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