Desperté y seguí durmiendo, ayer, hoy y mañana.
Levanté las persianas mientras las bajaba,
Para ver y no ver la luz que me cegaba.
Descubrí que cinco y ocho no eran números
Y que todas las verdades eternas
Se habían desestructurado.
Fue así que p y no p pasaron a ser factibles
Y concebir un no mundo también.
Ya no eran posibles las antípodas
Todo era y no era al mismo tiempo
El ser y el no ser se unían lentamente
La verdad y la falsedad se fundían y fusionaban
Todo se convertía en algo sin nombre
Poco a poco designar algo como “tal cosa”
se volvió innecesario.
Inútil el esfuerzo de recuperar la palabra.
Lo impensado es innombrable
Y desde este mundo al otro
Sólo hay desconcierto.
Barba, Laura A.