
En la mitología griega, Morfeo es el Dios de los sueños, es principal de los Oniros (en griego Ὄνειροι Oneiroi, ‘ensueños’, fantasías del que duerme) los mil hijos engendrados por Hipnos (en griego Ύπνος Hypnos, ‘sueño’) que era la personificación del sueño. Su madre era Nix, la noche, que lo tuvo sin intervención masculina, aunque en alguna otra tradición su padre fue Érebo. Era hermano gemelo (o hermanastro) de Tánatos, la muerte no violenta.
Morfeo era representado con alas que batía rápida y silenciosamente, permitiéndole ir volando velozmente a cualquier rincón de la Tierra. Se encargaba de inducir los sueños de quienes dormían y de adoptar una apariencia humana para aparecer en ellos, especialmente la de los seres queridos (de ahí su nombre que puede interpretarse como apariencia o de bella forma), permitiendo a los mortales huir por un momento de las maquinaciones de dioses.
Lamentablemente fue fulminado por Zeus por haber revelado secretos a los mortales a través de sus sueños.
Oniromancia u oniromancía (del griego ὄνειρος, ensueño, y –mancia) representa aquella técnica o arte por el cual se pretende adivinar o predecir acontecimientos futuros a través de los sueños.
El sueño no sólo se presenta en los momentos en los que uno duerme, sino que está presente en los estados de vigilia que corresponden a lo que podemos denominar “el divague mental”. Se podría conjeturar que soñamos tanto dormidos como despiertos y que transitamos entre el estado total de vigilia y el sueño profundo durante el transcurso de nuestra vida estableciendo distinciones que hacen a unas cosas como pertenecientes a un estado u a otro.
Artemidoro de Daldis, o de Éfeso, del que se sabe que vivió en el s. II d. C., fue un oniromante griego. El más antiguo libro de los sueños que se conserva es su obra Oneirokritike o La Interpretación de los sueños. Llegaría a reunir más de 3.000 sueños de quienes le consultaban, interesándose no solo en el contenido onírico sino también en la psicología humana.
Artemidoro hace una distinción entre los sueños verdaderos y lo que son oráculos, visiones, fantasías y apariciones. También diferenciará entre sueños que predicen hechos futuros y aquellos que tienen que ver con el presente.
Afirma Macedonio que “hay una inversión con el ensueño y la realidad: en ésta, sus lluvias mojan; en aquel, las mojaduras llueven.”
Los sueños son una visión de la realidad representada en la imagen distorsionada de un espejo que nos muestra a su antojo aquello que incluso, no queremos conocer. Nos transporta a otro plano en el cual no tenemos dominio de nuestra realidad y somos arrastrados por un determinismo extremo basado y estructurado a partir de nuestros peores temores y culpas.
No tenemos ni siquiera la certeza de que algunas cosas son coherentes y suceden con un orden establecido, las paredes pierden su solidez y podemos vernos devorados por ellas y luego dejados en algún bosque oscuro y silencioso que nos abra la puerta al infierno.
Podemos conocernos a través de los sueños, más aún que en otros estados, ya que esos planos de realidad intangibles son creaciones caprichosas de la libertad absoluta de nuestra psiquis.
Es el lugar en el cual las normas sociales no rigen, y es por tanto propicio para el enfrentamiento entre nuestros más oscuros pensamientos y las imposiciones externas.