viernes, 21 de noviembre de 2008

Los manzanos de Balbec


“…ahora (los manzanos) se perdían de vista en plena floración, de un lujo insólito, los pies en el barro y en traje de baile inmaculado, sin tomar precauciones para no macular el más maravilloso raso color rosa que se viera jamás y que brillaba bajo el sol; el lejano horizonte del mar daba a los manzanos como un fondo de estampa japonesa; si levantaba la cabeza para mirar el cielo entre las flores, que dejaban ver su azul ya despejado, casi violento, parecían apartarse para mostrar la profundidad de aquel paraíso.”

Respecto de este pasaje Danto nos dice lo siguiente: Marcel, todo lo ve a través de las metáforas del arte. “Difícilmente alguien que nunca hubiera visto grabados de Hiroshige o una Ascensión de la virgen (…) hubiera podido experimentar los manzanos como él lo hizo.”

De esto se desprende la particularidad de la experiencia estética o de la experiencia interpretativa del mundo. Cada uno puede ver sólo aquello para lo cual está determinado, construido y estructurado.

Si el arte crea mundos, mundos inteligibles guiados por la imaginación, quienes podrán verlos, quienes podrán experimentarlos en su más amplio sentido, quienes dejarían de ser ciegos por un segundo para ver la develación de la verdad en su aspecto de belleza.

Podrán trascender el ámbito de la apariencia y ver la obra como develadora de una verdad sólo aquellos que estén instruidos y puedan eliminar los prejuicios, las determinaciones impuestas.

La poesía de Hölderlin es para Heidegger esa que crea mundos sin las limitaciones de la praxis, no persigue nada eficaz en el orden mundano. La obra de arte en definitiva, es la única que permanece.

Van dos de Hölderlin:

EL CONSENSO PÚBLICO

¿No es más bella la vida de mi corazón
desde que amo? ¿Por qué me distinguíais más
cuando yo era más arrogante y arisco,
más locuaz y más vacío?

¡Ah! La muchedumbre prefiere lo que se cotiza,
las almas serviles sólo respetan lo violento.
Únicamente creen en lo divino
aquellos que también lo son.

Versión de Federico Gorbea

LA DESPEDIDA

¿Queríamos separarnos? ¿Era lo justo y lo sabio?
¿Por qué nos asustaría la decisión como si fuéramos
a cometer un crimen?
¡Ah! poco nos conocemos,
pues un dios manda en nosotros.

¿Traicionar a ese dios? ¿Al que primero nos infundió
el sentido y nos infundió la vida, al animador,
al genio tutelar de nuestro amor?
Eso, eso yo no lo hubiera permitido.

Pero el mundo se inventa otra carencia,
otro deber de honor, otro derecho, y la costumbre
nos va gastando el alma
día tras día disimuladamente.

Bien sabía yo que como el miedo monstruoso y arraigado
separa a los dioses y a los hombres,
el corazón de los amantes, para expiarlo,
debe ofrendar su sangre y perecer.

¡Déjame callar! Y desde ahora, nunca me obligues a
contemplar
este suplicio, así podré marchar en paz
hacia la soledad,
¡y que este adiós aún nos penenezca!

Ofréceme tú misma el cáliz, beba yo tanto
del sagrado filtro, tanto contigo de la poción letea,
que lo olvidemos todo
amor y odio!

Yo partiré. ¡Tal vez dentro de mucho tiempo
vuelva a verte, Diotima! Pero el deseo ya se habrá
desangrado
entonces, y apacibles
como bienaventurados

nos pasearemos, forasteros, el uno cerca al otro
conversando,
divagando, soñando, hasta que este mismo paraje del
adiós
rescate nuestras almas del olvido
y dé calor a nuestro corazón.

Entonces volveré a mirarte sorprendido, escuchando
como otrora
el dulce canto, las voces, los acordes del laúd,
y más allá del arroyo la azucena dorada
exhalará hacia nosotros su fragancia.

Versión de Helena Araújo



2 comentarios:

Adrianófanes dijo...

Me quedo pensando, sin dejar de sorprenderme, en lo maravilloso del arte como productor de mundos y también de sentidos. Era algo que ignoraba (en realidad ignoro muchas cosas), de allí mi gran sorpresa, al quedarme detenido en experiencias subjetivas que tienen la misión de, justamente, crear mundos.

Yo creo que, en general, pasa siempre. Uno ve lo que quiere ver; lo que sus capacidades y ganas le permiten. Puedo ver en unos manzanos ocultos un mensaje; o ni siquiera verlos, sino dispersarme hacia otros asuntos. Lo mismo sucede con otros ámbitos en la vida: sobre todo aquéllos en que jugamos con deshojar la margarita.

Un gran abrazo.

Hasta cualquier momento.

Helena dijo...

Hola Adriano!!!
A mí me encanta la idea de crear mundos y compartirlos con quienes puedan verlos y apreciarlos. Tengo algunos amigos que se prenden en esas cosas, son hacedores de mundos y bálsamos, uno o dos o tres como mucho, pero hay y eso es bueno.
Cuando pienso esto, por ejemplo,recuerdo que vino hace unos días mi amigo de España, Borrelli y que hablamos de su cuadro en el cual aparece una anciana, él me confiesa que vio a la mujer cuando se puso a analizar la imagen para pintarla, no antes. Yo me quedé pensando que tal vez ella, dando sus últimos pasos, sin darse cuenta, en realidad estaba dando los primeros hacia la eternidad.
Te dejo un abrazo enorme, gracias por pasar y por compartir conmigo lo de las margaritas, es muy bueno!!! Éxitos (para parafrasearte).