viernes, 15 de agosto de 2008

Pablo Neruda

Mucho más cerca de la verdad está el poeta esparcido en la arena observando la luna.

En su soledad, consumido por el deseo deseante que se retroalimenta y autosatisface en su propio anhelo.

Mucho más cerca de la verdad está el poeta que busca confundirse y aunarse con la naturaleza.

¿El cuerpo no puede otra cosa que manifestar sus ansias?

DÉJAME SUELTAS LAS MANOS... Pablo Neruda

DÉJAME SUELTAS LAS MANOS
y el corazón, déjame libre!
Deja que mis dedos corran
por los caminos de tu cuerpo.
La pasión – sangre, fuego, besos –
me incendia a llamaradas trémulas.
Ay, tú no sabes lo que es esto!

Es la tempestad de mis sentidos
doblegando la selva sensible de mis nervios.
Es la carne que grita con sus ardientes lenguas!
Es el incendio!
Y estás aquí, mujer, como un madero intacto
ahora que vuela toda mi vida hecha cenizas
hacia tu cuerpo lleno, como la noche, de astros!

Déjame libres las manos
y el corazón déjame libre!

Yo sólo te deseo, yo sólo te deseo!
No es amor, es deseo que se agota y se extingue.

Cuando enfrenta el amor abraza la trascendencia, la totalidad de las cosas están insertas en un sentimiento que no necesita materia, que puede vivir en el pleno recuerdo, en la remembranza permanente a pesar de la ausencia. Serán tus ojos los que vean la luna que yo observaba en algún momento y evocar el recuerdo me hará presente.

ES CIERTO, AMADA MÍA...

ES CIERTO AMADA MÍA, hermana mía, es
cierto!
Como las bestias grises que en los potreros pastan,
y en los potreros se aman, como las bestias grises!

Como las castas ebrias que poblaron la tierra
matándose y amándose, como las castas ebrias!

Como el latido de las corolas abiertas
dividiendo la joya futura de la siembra,
como el latido de las corolas abiertas!

Empujados por los designios de la tierra
como una ola en el mar hacia ti va mi cuerpo.

Y tú, en tu carne, encierras
las pupilas sedientas con que miraré cuando
estos ojos que tengo se me llenen de tierra.

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