sábado, 23 de agosto de 2008

Sin salida

I

Estábamos todos en el aeropuerto esperando, nadie sabía muy bien hacía donde nos llevarían pero no teníamos alternativa.

Cuando llegó el helicóptero que nos transportaría tuve la tranquilidad de viajar con Leonardo, nos sentaron detrás y en pocos minutos arribamos a una estructura metálica y de color negro en medio del océano.

A todos nos era designada una habitación blanca con una sola ventana que daba a otras habitaciones, había una cama y una silla. Nosotros no teníamos más que lo puesto. Nos quedamos a esperar, pues nos traerían el material de trabajo.

II

Hacía meses que corría el rumor de que miles de personas eran raptadas y nadie volvía a verlas, sobre todo aquellos que carecían de familiares directos.

Leonardo y yo nos pusimos a investigar el caso y para ello comenzamos a llevar la vida de los desamparados de la calle. Al principio había sido difícil alejarnos de nuestras familias y vivir en la absoluta soledad de las calles. La indigencia era terrible, el frío de la noche era insoportable, penetraba hasta los huesos, el hambre nos hacía doler el estómago hasta el desmayo. Finalmente nos vinieron a buscar.

III

Nos recuperamos luego de los primeros días comiendo regularmente. Trabajábamos como esclavos por la comida y el lugar. Nunca supimos lo que estábamos haciendo ni para qué.

Lo importante era volver a encontrarnos dentro del edificio para pasarnos la información y deliberar las estrategias necesarias para sacar a toda esta gente de aquí.

Pasaron varios meses (mientras indagábamos secretamente los modos de producción y las técnicas y resultados de otros trabajadores) hasta que nos encontramos en el comedor y pudimos combinar momentos de encuentro.

Nadie tenía relojes y las luces estaban encendidas durante el tiempo de tareas y se apagaban a la hora del descanso. No podría decir si realmente era de día o de noche, si llovía o había sol. Pasamos meses enteros sin contacto con la naturaleza ni con el exterior.

V

Los problemas comenzaron a presentarse cuando tuvimos que pensar y resolver la liberación. Esta gente estaba en la calle, sola, hambrienta y con frío, pero dentro de esta construcción no tenían libertad ni vida, aunque también podría decirse que no les faltaba nada. Tenían alimento, trabajo, lugar de reposo, horas de descanso.

En cierto modo liberarlos sin un plan de estado que resolviera la indigencia era devolverlos nuevamente a la crueldad de las calles.

Llegamos hasta aquí con un plan y unos ideales que se desmoronaban frente a la realidad, quedaban destruidos frente a la impotencia de una solución definitiva.

Llegamos a una aporía. Dejamos de tener respuestas y certezas, la liberación ya no era tal, las dudas sobre lo que deberíamos hacer nos quitaban el aliento y la esperanza.

2 comentarios:

Adrianófanes dijo...

Cuántas lecturas puede admitir un texto...Creo que en esa consideración habita lo más maravilloso de este mundo que hace fluir ideas, confrontarlas, asimilarlas, aceptarlas o rechazarlas.

Digo que en cada línea hay un instante de vida que se esfuma y que concientiza acerca de que toda libertad es reducida y hasta veces lógrase convertir en ilusión.

...Pero...

...Pero en cada línea también hay otro instante, el de la inspiración, y en el sentido más interno de nuestra alma toda su soberanía quedará a salvo.

Eso es lo que me esperanza.

Por tus ideas. Por tu compañía. Por tus palabras. Por las aspiraciones de libertad y por otros sucesos de la vida que te hacen partícipe de este teatro de ilusiones: FELICIDADES.

Helena dijo...

Adriano!!!Mil gracias por estar!!!
por acordarte, por responder siempre y estar predispuesto a la charla.
Gracias por venir a compartir conmigo un día tan especial, espero poder corresponderte.
Besotessssssssssssssss y abrazos.
Espero también que el resto del año nos sea grato.