miércoles, 22 de octubre de 2008

Lugones-Borges

HISTORIA DE MI MUERTE

Soñé la muerte y era muy sencillo;
una hebra de seda me envolvía,
y a cada beso tuyo,
con una vuelta menos me ceñía
y cada beso tuyo
era un día;
y el tiempo que mediaba entre dos besos
una noche. La muerte era muy sencilla.
Y poco a poco fue desenvolviéndose
la hebra fatal. Ya no la retenía
sino por solo un cabo entre los dedos...
Cuando de pronto te pusiste fría
y ya no me besaste...
y solté el cabo, y se me fue la vida.

Poemas de Leopoldo Lugones

Poemas del Alma

A Leopoldo Lugones

Los rumores de la plaza quedan atrás y entro en la Biblioteca. De una manera casi física siento la gravitación de los libros, el ámbito sereno de un orden, el tiempo disecado y conservado mágicamente. A izquierda y a derecha, absortos en su lúcido sueño, se perfilan los rostros momentáneos de los lectores, a la luz de las lámparas estudiosas, como en la hipálage de Milton. Recuerdo haber recordado ya esa figura, en este lugar, y después aquel otro epíteto que también define por el contorno, el árido camello del Lunario, y después aquel hexámetro de la Eneida, que maneja y supera el mismo artificio:

Ibant obscuri sola sub nocte per umbram.

Estas reflexiones me dejan en la puerta de su despacho. Entro; cambiamos unas cuantas convencionales y cordiales palabras y le doy este libro. Si no me engaño, usted no me malquería, Lugones, y le hubiera gustado que le gustara algún trabajo mío. Ello no ocurrió nunca, pero esta vez usted vuelve las páginas y lee con aprobación algún verso, acaso porque en él ha reconocido su propia voz, acaso porque la práctica deficiente le importa menos que la sana teoría.

En este punto se deshace mi sueño, como el agua en el agua. La vasta biblioteca que me rodea está en la calle México, no en la calle Rodríguez Peña, y usted, Lugones, se mató a principios del treinta y ocho. Mi vanidad y mi nostalgia han armado una escena imposible. Así será (me digo) pero mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos y la cronología se perderá en un orbe de símbolos y de algún modo será justo afirmar que yo le he traído este libro y que usted lo ha aceptado.



J.L.B.

Buenos Aires, 9 de agosto de 1960.




De: El hacedor (1960)



JORGE LUIS BORGES

4 comentarios:

Miguel Angel dijo...

O mors,quam amara est memoria tua homini pacem habenti in substantiis suis, viro quieto et cuius viae directae sunt in omnibus et adhuc valenti accipere cibum.
(Eclesiástico 41, 1-4)

¡Oh muerte! Cuán amarga es tu memoria para el hombre que está en paz en sus posesiones, el hombre que vive sin preocupaciones y que aún tiene fuerza para lograr su caza.

O mors, bonum est iudicium tuum homini indigenti et cui de omnibus cura est, et incredibili, qui perdit sapientiam.
(Eclesiástico 41, 1-4)

¡Oh, muerte! Aceptable es tu sentencia para el hombre indigente y que carece de fuerzas, que nadie cuida de él, colmado de preocupaciones y que ha perdido la esperanza.

Letra de un motete a 6 voces de Orlando di Lasso (siglo XVI)

Helena dijo...

Interesante.
La frase que más escucho últimamente es; "somos seres arrojados a la muerte". Tal vez sea más difícil aceptarlo para quienes disfrutan de esta vida y sus placeres terrenales, para quienes sienten fastidio la muerte es la salvación.
En definitiva sólo trazamos senderos hacia la muerte.
Un abrazo y gracias por pasar

Miguel Angel dijo...

Tienes razón. La muerte no debería preocuparnos sino el sufrimiento anterior. Evitarlo y disfrutar de este enigma que llaman vida. Además quizás la muerte ni exista pues, en realidad, no deja de ser un concepto cerebral que puede ser ilusorio. Indudablemente los que se fueron no los he vuelto a ver (algo ha pasado) pero...
Por cierto me gustaría saber que idea tienes de "metafísica" ¿Qué significa para ti? Cuando tengas tiempo. Es que yo estoy anclado en el escepticismo.
Saludos.

Helena dijo...

Sí, por supuesto, nada más placentero para mí que hablar de metafísica, intentaré plantearte algo de lo que pienso con algunos inconvenientes y ventajas. Cuando lo tenga te lo envío.
Besos